
En mi primera visita a finales de agosto no pude estar mucho tiempo,
pero si el suficiente para comprobar que pasar una mañana en este paraje puede
deparar muchas sorpresas. En aquella ocasión una preciosa culebrera europea
(Circaetus gallicus) bajó al suelo y se situó delante de mi a unos 200 metros,
con una enorme y llamativa cabeza blanquísima. Tres o cuatro cigüeñas blancas
(Ciconia ciconia) y numerosas garzas reales (Ardea cinerea) deambulaban
tranquilamente por la zona mixta de pasto y charcones. Un ratonero común (Buteo
buteo) planeaba tranquilamente y también se dejó ver un alimoche, todo ello a
un lado del camino. Al otro lado, azulones (Anas platyrhynchos) pastaban
también en zona encharcada, mientras un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)
echaba a volar saliendo del carrizo y las golondrías comunes (Hirundo rustica)
no cesaban en su caza de insectos voladores.
En mi segunda visita, con más tiempo que en la primera, pude disfrutar
en primera persona de una batalla campal entre un grupo enorme de azulones y un
malvado aguilucho lagunero con intención de almorzar pato. Lo vi aparecer a lo
lejos y nada más llegar al grupo de anátidas empezó a hacer largas pasadas con
las patas estiradas para poder intentar echarle el guante a algún pato. No tuvo
ningún éxito, a pesar de que lo intentó del orden de 7 u ocho veces. Detecté
cuatro laguneros esa mañana, a los que se sumaron un milano real (Milvus
milvus) que también merodeó por la zona de los azulones, y un grupo bastante
grande de buitres leonados (Gyps fulvus) que sobrevolaban la localidad de
Sesma. Uno de estos buitres aterrizó en la orilla de la carretera cuando ya iba
camino de la autovía, fue una pena que por llevar coches detrás no pudiera
parar para hacerle alguna foto bien de cerca.
Como novedad con respecto a la primera visita (quizá fruto de haber
ido más temprano) fue la numerosa presencia de cogujadas comunes (Galerida
cristata) con muchas ganas de llenar la mañana con sus cantos, una tarabilla
norteña (Saxicola rubetra), algún ruiseñor bastardo (Cettia cetti) cantando
entre el carrizo y algún grupete de pardillos comunes (Carduelis cannabina).
También habia de nuevo cigüeñas blancas y garzas reales, aunque en menor número
que la primera vez. Lo que si pude ver, quizá porque ya iba avisado y estuve
más atento, fue a los simpáticos chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula), correteando
por el fango sin parar. Volando pasó una agachadiza grande (Gallinago
gallinago), inconfundible con su largo pico y su cuello corto, y una bandada de
avefrías (Vanellus vanellus). A lo lejos, en una zona con más agua pude
detectar más limícolas, pero lamentablemente no pude identificarlas porque ni
mis prismáticos ni mi telescopio me lo permitieron.
Con la esperanza de poder mejorar mi equipamiento óptico en un futuro
no muy lejano, dejo en este blog mi primera crónica de visita al Salobre de
Sesma, con un montaje fotográfico de lo visto a lo largo de esa magnífica
mañana. Hasta la próxima!!
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